Ética y Deontología Profesional

 

 


 La Ética Profesional no es coactiva es decir no impone sanciones legales o normativas, pero se reconoce estrechamente relacionada con la Deontología y puede hallarse en los códigos deontológicos que normalizan una actividad profesional. La deontología es parte de lo que se conoce como ética normativa y comparte un conjunto de reglas y principios que deben cumplirse de manera obligatoria.

  La Deontología o teoría deontológica se puede considerar como una teoría ética que se ocupa de regular los deberes, traduciéndolos en preceptos, normas morales y reglas de conducta, dejando fuera de su ámbito específico de interés otros aspectos de la moral.

  El término deontología fue acuñado por primera vez por Jeremy Bentham, que la define como la rama del arte y de la ciencia cuyo objeto consiste en hacer en cada ocasión lo que es recto y apropiado.

  Cuando esta teoría se aplica al estricto campo profesional hablamos de Deontología Profesional y es ella, en consecuencia, la que determina los deberes que son mínimamente exigibles a los profesionales en el desempeño de su actividad.

 Estos deberes, es habitual que se codifiquen sistemáticamente para regir la actuación de los representantes de la profesión con el fin de que a través del buen hacer se obtengan resultados deseables y se prestigie su labor.

 Cuando se habla de Deontología Profesional se entiende por tal los criterios compartidos por el colectivo profesional convertidos en un texto normativo, un código deontológico.

 La deontología profesional es por tanto una ética aplicada, aprobada y aceptada por el colectivo profesional, lo que entraña un código de conducta, una tipificación de infracciones, un sistema de recepción y análisis de consultas, propuestas o quejas, un procedimiento de enjuiciamiento, y finalmente, si procede aplicarlo, un sistema de sanciones.

DIFERENCIAS ENTRE ÉTICA PROFESIONAL Y DEONTOLOGÍA

 Una de las diferencias cuando hablamos de "ética" y "deontología" es que la primera hace directamente referencia a la conciencia personal, mientras que la segunda adopta una función de modelo de actuación en el área de una colectividad.

La Deontología, además, tiene consecuencias de carácter sancionador.

En definitiva, cuando se refiere a una profesión determinada, se puede hablar de la existencia de una ética y de una deontología determinada. La primera se podría centrar en determinar y perfilar el bien de una determinada profesión (aportación al bien social) y la deontología, por su parte, se centraría en definir cuáles son las obligaciones concretas de cada actividad.

Comentarios

  1. El ser Profesional, creo que involucra, una empatía a quien no lo son en términos de poder transmitir, en lo posible, tratando de evitar términos tecnisistas, los conocimientos adquiridos, a los fines compartir el capital del conocimiento, y enriquecer el espacio de desarrollo de aquellos que son profesionales y los que no lo son.
    Al parecer si no se ejerce la docencia no se comparte la información, pero si se es docente, existe una obligación al respecto y eso es lo que debemos reformular.

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    1. Adela CORTINA ORTS, en su obra ¿Para qué sirve realmente la ética?, en el capítulo siete denominado "Ser profesionales, no sólo técnicos", profundiza en un rasgo central de la sociedad actual: el predominio de una cultura
      científico-técnica que ha provocado que solamente se conciban las mejoras sociales a través de la investigación científico-técnica (p.130). A la larga, este tipo de cultura ha dificultado que diferenciemos entre lo que son buenos profesionales y lo que son simples técnicos, así, en estos tiempos de crisis “se ha echado en falta la presencia de buenos profesionales” (p.131), conscientes de que en el desarrollo de su actividad, no se están sirviendo a sí mismos, sino “a una tarea que les trasciende” (” (p.133). La distinción aristotélica entre acciones técnicas y prácticas, nos permite diferenciar entre las acciones que solamente valen en relación con el fin que se busca con ellas; y las que son valiosas por sí mismas, porque “encierran un bien que deseamos alcanzar”
      (p.134). Cada actividad contiene su propio fin, el cual le otorga sentido, por ejemplo, el fin de la empresa sería un fin social y no solamente económico. Esto supone que aquellas personas que se incorporan a la actividad, deben ser fieles a dicho propósito y no anteponer sus intereses individuales, no anteponer las acciones técnicas a las prácticas, porque “los motivos individuales no son razones, no se convierten en argumentos si no tienen por base las exigencias de la meta profesional” (p.137). La búsqueda de la excelencia en el desarrollo profesional y en nuestro día a día, supondría un respiro en estos tiempos de desilusión, ya que la virtud ejercitada por los excelentes repercute en la vida social de su comunidad (p.140).



      Fuente: Reseña de Maria Medina-Vicent
      Becaria Predoctoral en el Departamento de Filosofía y Sociología de la Universitat Jaume I,
      Castelló de La Plana, España

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